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Yo y el mundo de los nosotros.

Recuerdo que alguna vez hablamos sobre lo poco empático que encuentro que los saludos sean génericos.  Son tan vacúos, son tan impersonales, son tan carentes de sentido (y no porque no lo tengan, sino porque lo han perdido).  "buen día", "buena noche", "¿Cómo estás?"... Se me hacen tan simples, tan insignificantes, supongo que con el tiempo la gente se ha ido acostumbrando tanto a estas expresiones que "cualquiera" pregunta ¿Cómo estás?, y la respuesta automática es un bien, ¿y tú?. A pesar de que me caga demasiado, no puedo evitar repetir los patrones de convencionalismos cuando la cosa es al revés. Digo, creo que no es sencillo decirle a alguien que pregunta ¿Cómo estás? un "Bueno, pues realmente me siento extraño, tengo miedo de cagarla una vez más. Me siento como la mierda pero tengo que fingir cuando las personas me preguntan acerca de esto porque no cualquiera se atrevería a escuchar cosas que de verdad no quiere escuch...

Entrada Random

Escribo esto desde la comodidad de mi cuarto, no sé quién leerá. Pero encima quiero decirle al lector (sí es que alguien lee esto) que hoy escribo para mi. Escribo para mi porque he olvidado muchos proyectos pasados, muchos anhelos, muchas esperanzas. Porque me intriga y tengo miedo de ser adulto. Porque de hecho el crecer es la parte que menos me gusta sobre la vida. Bueno tal vez no es crecer en sí, sino obtener más obligaciones de las que no me siento apto de cumplir. Debe ser porque me gusta mi vida tal y como es. Me gustaría dejarlo todo en este instante y perderme en la eternidad haciendo lo que hago en este momento. Sé que eso no es lo correcto; pero de vez en cuando hay que ser egoístas. Me gustaría estar aquí y así por lo menos unos 10 años más. Sin exigencias, sin despilfarros, simplemente yo haciendo lo que me gusta.  Escribiendo más, leyendo más, escuchando más historias, viendo más historias, inventando más historias... en fin ya saben de qué va. No recuerdo cuando f...

Sobre "ella".

Saben lo difícil que es darse cuenta que escribes para alguien... Más bien debido a alguien, es extraño, pero cuando llega sin duda es visceral. Te carcome y te destroza al mismo tiempo. Las venas de la frente se te saltan, las pupilas se dilatan, la mente se abstrae y tú nisiquiera te das cuenta, en cambio sólo tecleas lo más rápido que puedes intentando sacar de tu mente aquellas frases que piensas que son las correctas.  Cuando relees entiendes ese sentimiento, esa modo en el que la estimabas (en mi caso era una mujer), la forma en la que pensabas que eso era de alguna forma liberador. Después de un tiempo de vaciarte de todo; memorias, pláticas, salidas étcetera, Caes en una especie de revelación; ésta te lleva a releer todo lo que habías escrito, en cada línea, cada pausa, cada punto, cada espacio ves algo que en un principio sabías que estaba ahí pero que ocultas sabiamente para mantener el anonimato de tu musa... Y aún así después de releer entiendes el por qué,...

El placer de volver a ser yo...

Me quedé pensando seriamente; esto sucedió en algún día de la semana pasada. Me cuesta recordar si era martes o viernes, aunque a decir verdad es algo sin importancia. Sentado ahí miraba el reloj como si la vida dependiera de eso, sin aviso alguno sentí un ligero cosquilleo que iba subiendo por mi pierna izquierda, fue rápido y pausado... 1... 2... 3... Introduje mi mano izquierda en el bolsillo del pantalón, busqué con desesperación; la vibración continuaba.  Mis dedos rosaron el marco de plástico, yo la tomé con precaución y halé, miré hacia la pantalla.   Un número repentino apareció en la pantalla de 5 pulgadas, con desconcierto contesté a la llamada: -Bueno? -¿Bueno, Didier? La voz resonó en mi mente, la sentí cálida pero seria, familiar pero distante. Mi interlocutora era una mujer. - Sí, ¿qué pasó? Aquella voz me sonaba de algo ¿De qué era?, intentaba recordar pero simplemente no sucedía. Pronto obtendría respuesta... - Soy, Gabriela... Al...

Reencuentro.

Aquella vez que intenté escribir un cuento que nunca acabó. Repasé los apuntes como si hubiese un error en la creación, un bloqueo o un algo que me impidiera terminarlo. Pronto descubrí que ese cuento jamás acabaría. Tenía un vacío argumental... Un no se qué... que qué se yo... Algo tan molesto que su autor, yo, había empezado a pensar que no valía la pena terminarlo.  Me abandoné un poco del mundo de la escritura y me sumergí en el canto de las aves y el olor de la espuma de una buena cerveza. Lo arrumbé y lo dejé morir hasta que empezó a hincharse y un olor nauseabundo emergió de él. Era tan fuerte que me dejó aturdido, mareado, con ganas de vomitar. Ese olor me había recordado que en algún lugar recóndito, escondido entre recuerdos vagos de desamoríos y lecturas incompletas de la universidad, tenía una idea que jamás vio la luz. Regresé entonces a las notas, a los libros, al internet,  a las vagas ideas apuntadas en un bloc de notas.  Inventé un mundo d...

De mis muertos.

¿Cuál es la persona muerta que más extrañas? La pregunta me sacudió, me hizo sentirme fuera de lugar. Luego recordé la carga que tiene una fecha como esta. He estado perdido queriéndome, saliendo con los amigos, siendo yo mismo, buscando una que otra chica para tontear, queriendo acabar proyectos comenzados, retomando otros (como el blog por ejemplo), ¿De verdad tengo tiempo para pensar en mis muertos? Al principio me sentí egoísta, luego me dije a mi mismo que era normal. Al fin y al cabo ellos, mis muertos, lo hubiesen querido así... No se trata de olvido, los llevo conmigo siempre. Es sólo que en ocasiones estamos ocupados en otras cosas. He perdido la noción del tiempo, hoy mismo no creo que ya sea 31 de octubre, relaciono acontecimientos y no puedo evitar comparar esta fecha hace 1 o 2 años atrás; la diferencia es abismal.  Casualmente el mes pasado recordaba a mis muertos, y los que no son directamente míos pero que de alguna forma me apropié sin pedir permiso, ...

Efímero....

Ambos se encontraron entre la intersección de la Juaréz y la Nación, tomaban rumbos distintos. Poco a poco se fundieron en el mar de gente con motivaciones banas y siguieron sus vidas como dos simples peones de un futuro incierto. En cierta ocasión y después de beber un café. Él recordó a aquella chica de lentes y cabello castaño, de ojos marrones y de nariz respingada. Se preguntaba si aquel día  por algún motivo ella hubiese estado dispuesta a salir con él...